por El Chato de Ventas. el 22 Mar 2010, 22:11
LV Edición del viernes, 07 agosto 1936, página 11-2.
EL FRACASO DE LA SUBLEVACIÓN MILITAR
Cómo se inició y se forjó la sublevación de la Marina
«El Socialista» publica la siguiente información
:
«Hemos tenido ocasión de recoger algunos ¡datos que reputamos Interesantes, no sólo por su valor informativo, sino también, y sobre }
todo, porque revelan el espíritu republicano de los marinos españoles, cuya magnífica y tajante reacción contra los jefes traidores de la
Armada ha sido decisiva para quebrar, apenas iniciada, la sublevación militar en trance i de vencimiento definitivo. Quien nos facilita '
estos datos es persona que vive directamente
el episodio insurreccional desde su comienzo.
Tai como lo hemos escuchado de sus labios,
ofrecemos, pues, a nuestros lectores el relato
que sigue, sin más omisiones que aquellas que
voluntariamente nos imponemos atendiendo a
una discreción elemental-
EL TEMPLE DEL ALFÉREZ BALBOA
El viernes 17 de Julio, por la tarde, es cuando empezó a circular por Madrid la noticia de la sublevación de las fuerzas militares de África.
Ese mismo día, a ias diez de la mañana, la estación radiotelegráfica de la base naval da Cartagena comunicaba al Gabinete central de radiotelegrafía de Marina, situado en Ja Ciudad Lineal, una proclama circular del general Franco, para ser retransmitida desde aquí— es decir, por vía oficial —a la guarnición de Madrid y a las del territorio del Protectorado.
En ella el general Franco se identificaba con el movimiento insurreccional de Marruecos, encaminado — la literatura de la proclama es conocida —a salvar «el honor de España^ y a redimirla da la política marxista> del Frente
Popular.
Recibió el comunicado de Cartagena el oficial radiotelegrafista encargado del servicio' de la Ciudad Lineal, don Benjamín Balboa, funcionario
ejemplar, republicano fervoroso y hombre de temple — en el curso de nuestro relato lo advertirá el lector—, el cual, dándose cuenta de la gravedad del suceso, se apresuró a Informar de lo que ocurría al secretiriO del ministro de Marina. Informar al ministro de un hecho de esa clase no es, ciertamente, un acto heroico, aunque resulte meritorio que haya quien cumpla con su deber cuando se declaran traidores casi todos los llamados a cumplirlo.
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Lo admirable en la conducta del señor Balboa — representación moral y auténtica de la marinería — empieza cuando, al margen de sus obligaciones republicanas, se decide a actuar por su cuenta. Que es enseguida. No hay tiempo que perder. El pensamiento y la acción van a compás... En esa rapidez hay que buscar uno de los fallos más graves que han sufrido los generales sublevados.
APARECE EL DESLEAL
Lo primero que hizo Balboa —un hombre pequeñín, de talante cordial y resuelto— fue reprochar agriamente a SU compañero de Cartagena la transmisión de un mensaje como el que enviaba. A sus reproches se contestaba desde Cartagena dándole la razón con unas "explicaciones angustiosas: se obedecían órdenes imperiosas de los jefes, y el mensaje no sólo habla sido transmitido a Madrid, sino a Mahón...
El secretario del ministro reclamaba entretanto, con urgencia apremiante, el texto. íntegro de, la proclama del general Franco. Balboa pidió un coche. Y entonces surge, como era de esperar, el desleal, que no podía estar ausente ni lejos. Estaba, en efecto, allí cerca, a cien metros del gabinete radiotelegráfico central,, en el pabellón destinado a vivienda del jefe del servicio. Consignemos su nombre para la antología de los traidores: Castor Ibáñez Aldecoa, capitán de corbeta. Y este capitán en tierra, marino de agua dulce y falsario de profesión, determinó que antes de informar al Ministerio era menester poner en antecedentes al jefe de Estado Mayor, almirante Salas, ex ministro de Marina en un Gobierno que presidió Lerroux cuando la Ceda era dueña de nuestros destinos...
A tal misión, tal ejecutor. Ibáñez Aldecoa la cumplimentó personalmente, dejando abierta la puerta de la cabina para que todos oyeran sus palabras, como las oyeron, y acompañándolas con gestos de gran alborozo. Inmediatamente dio orden rigurosa de que sólo se comunicase por uno de los tres teléfonos oficiales que tiene la estación central de la Ciudad Lineal.
El único que, mediante un cruce especial, podía controlar desde sus habitaciones particulares.
Un poco después Ibáñez Aldecoa, ya tranquilo en su casa, se colgaba del aparato...
ÜN DIALOGO EDIFICANTE Y UN PBOCEDER MAS EDIFICANTE TODAVÍA
Alguien que pudo escuchar el diálogo a hurtadillas— la sospecha rondaba los pasos del traidor—advirtió en seguida que al otro lado del hilo hablaba el almirante Salas. Quería éste que el mensaje de Franco se hiciera llegar, por los medioe que fueren, a todas las guarniciones. Y replicaba Aldecoa: «Hazlo tú.»
Un nuevo apremio de la otra parte. Ibáñez Aldecoa confiesa: «Es que aquí tengo un hueso...
» El hueso, ya se comprende, era Balboa.
Balboa, que no se para en barras, da encargo— «puedo, luego mando»—de que todas las comunicaciones se hagan por teléfono urbano.
«Señor—informa al ministro de Marina—, Me he permitido tomar esta medida...»
A.la una de la madrugada del día 18—-cuando se iban sublevando, hora tras hora, las guarniciones Ibáñez Aldecoa, cansado de esperar al pie de un teléfono que no funciona, abandona sus habitaciones y se dirige a la estación radiotelegrafía. Los árboles hacen sombra en la claridad que proyecta la luna.
Allí junto a la entrada del edificio, está Balboa.
«Usted—barbota el capitán de corbeta está contraviniendo mis órdenes. Retírese, como arrestado, a su habitación. Y a partir De este instante le prohibo terminantemente que entre en la sala de aparatos.» El alférez Balboa— es su graduación equivalente»—, un hombre pequeñin, de talante cordial y resuelto, tiene pronta la réplica: «No acato esa orden. Tengo una misión que cumplir y la cumpliré, cueste lo que cueste y pese a quien pese. Estoy aquí para defender la República contra aquellos. que, como usted—Balboa se ha engallado ya—, la traicionan. Y desde este momento es usted, no yo, quien tiene prohibida la entrada en el local.» En la mano derecha del alférez radiotelegrafista—un hombre chiquitín —brillaba una pistola. El capitán de corbeta retrocedió. Retrocedió tanto, que el alférez acabó por encerrar en sus habitaciones particulares y se llevó la llave en el bolsillo. Un minuto después se lo decía al ministro. Y un poco más tarde se llevaba la policía al desleal. En sus habitaciones se encontraron aparatos que registraban todas las comunicaciones y una emisora clandestina...
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¡MARINEROS: BUENA GUARDIA!
A partir de ese instante la radiotelegrafía y, por consecuencia, EL control sobre la flota estaba en manos seguras. Por si no bastarán — ya se ve que si — las del alférez Balboa, en la mañana del día 18, movido por la sos-pecha y desconociende aún la hazaña del alférez, corrió a hacerse cargo DEL gabinete de la Ciudad lineal,
por espontánea decisión, el comandante Vázquez Seco, jefe de los radiotelegrafistas de la Armada. El nombre del comandante Vázquez Seco, socialista de historia larga ya, tiene algo DE símbolo. entre la marinería. Vale por una ejecutoria de conducta probada en cien ocasiones, que ha sabido resistir todos los vejámenes a que le sometieron los Gobiernos de derecha.
De este modo la República se encontró reunidos a dos servidores admirables y enérgicos, gracias a los cuales la sublevación de la Marina quedó, apenas nacida, descabezada .
Urgía trabajar. El primer barco que dio señales de vida fue el «Ferrándiz», que había atracado en el puerto de Ceuta con pretexto de hospitalizar a un fogonero que sufría quemaduras graves. En la madrugada del 18 hizo rumbo a Algeciras transportando algunas tropas de regulares.
El alférez Balboa no descansa hasta lograr comunicación, en plena travesía, con el operador del «Ferrándiz»: «Estáis engañados. Se trata de un movimiento militar y fascista contra la República. Rebelaos contra los mandos.
» DeL «Ferrándiz» contestan: «Imposible hacerlo ahora, con el barco lleno de tropas. Cuando regresemos para nuevo traslado lo intentaremos.
» Lo intentaron, en efecto, apenas el barco despegó de Algeciras. Un poco más tarde, el Gobierno recibía un radio de la tripulación poniéndose a sus órdenes en nombre de la República...
Exactamente la misma operación, y con igual resultado, se hizo con un destructor que se hallaba también en Ceuta. Desde el gabinete de la Ciudad Lineal fue llegando la voz de la República, emocionada, apremiante, inflexible, a todos los buques de la Escuadra. En todos ellos iba apareciendo sobre cubierta la marinería, lanzando al aire las gorras y vitoreando a la
República, para dar testimonio de que ya no había traidores en EL barco.
Así es como los sublevados empezaron a sentir, ceñudos y desalentados, la sensación de su derrota. Para consuelo de su infamia les ha quedado un barco pirata, el «Cervera», cuya tripulación tuvo que ser desalojada a cañonazos
en El Ferrol y substituida por otra da fascistas
Un punto negro en la página gloriosa que están escribiendo en el agua los marinos: en el aire, los aviadores; en tierra, las fuerzas l&ales y
las Milicias obreras, (Salud, héroes del alma popular!».
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Nombrando subsecretario de Marina a doN Benjamín Balboa.
(Este señor es oficial telegrafista tercero de la Marina, que estaba en funciones de servicio en la Ciudad Lineal el día que se sublevó la Escuadra juntamente con el Ejército, y ha prestado eminentes servicios.)
LV Edición del domingo, 23 agosto 1936, página 9.
Pesado especializado en cementerios, meteo y ferrocarril.